¡Los políticos deberían irse al cine más veces!
Érase una vez un hombre que solo sabía trabajar…
Un día de 1972 llegó de Carabanchel a Móstoles con su familia (su padre, su madre y hermano). Habían comprado una parcela en aquel primer polígono de concentración industrial que iniciaba la Cámara de Comercio de Madrid y, con toda la ilusión del mundo, se propusieron tirar para adelante explotando el obrador de pastelería que habían puesto en marcha. En poco tiempo, tenían unos 100 trabajadores, 25 furgonetas de reparto y, cada fin de semana, ‘salían de este obrador unas doce toneladas de pastelería fresca’.
Este hombre, ya lo suponen ustedes, se llama Salvador Blázquez Bernardo. Está a punto de cumplir 72 años y, aunque jubilado, cursa todavía horas y horas de dedicación ‘formando a mis hijas’ (que tiene tres) y siguiendo el cada día del negocio aquel que empezaron en familia hace ya 38 años.
Si Ateneo Virtual de Móstoles lo trae a colación, no es porque Salvador sea un referente extraordinario de la ciudad, pues fue fundador de la Cruz Roja local y presidente de la misma durante 30 años sino, y sobre todo, para hablarnos de la situación económica del lugar; de él, que está ejerciendo a caballo del comercio y la industria. Nos recibe lejos del ruido en una especie de despacho rincón de trinchera, allá al fondo del obrador; un lugar donde es posible parar el tiempo y hablar de las cosas de la vida y el Municipio.
Salvador que, para nada es un hombre de despacho, que cree poco en las teorías, que rehuye la burocracia y que no se fía, al menos por ahora, de las políticas de resolución de la crisis (‘…por más reuniones, consensos y palabras bonitas que vengan de la Administración), cree sobre todo en la acción emprendedora y, consiguientemente, en el trabajo, haciendo cosas y construyendo el cada día. Nos dice: ‘Los políticos deberían irse al cine más veces y dejar a los empresarios arreglar esto; claro, siempre de acuerdo con los trabajadores. Para salir de la grave situación en la que estamos, lo primero y más difícil es crear e incentivar a los empresarios que son los que crean trabajo y sacan al país adelante’. Blázquez piensa que se está deshaciendo el mercado, que ‘…tenemos pastel para rato’, pero que hay mil formas de ir acoplando gente para trabajar y, por el contrario, que siempre serán negativas la desmoralización social y las subvenciones.
A él le han bajado las ventas en los pasados años un 25 %, a lo que habría que añadir hasta un 30 % en este 2010. Nos dice: ‘Ahora se está notando más que nunca la bajada del consumo…’. Las pequeñas y medianas empresas (pymes) crean el 80 por ciento del trabajo de este país, pero no pueden competir con las grandes firmas. Así que se están hundiendo. En Móstoles concretamente, han cerrado muchos comercios y los polígonos industriales están casi parados. No hay dinero, no hay consumo, ¿qué va a pasar?
Pero hablamos también de otras cosas.
Propio de su carácter activo, un día allá por el 1976, y a petición del entonces alcalde Edistio González Díez, le plantearon a Salvador fundar la Cruz Roja local. No se atrevía (‘…es que estoy demasiado atareado con mis cosas’), y le contestaron así: ‘Sólo los que no hacen nada son los que no sirven para un sitio ni para ningún otro…’ Y, con ello, se embarcó en la creación y desarrollo de la Asamblea local. Tanto y hasta tal punto que el compromiso se le echó muchas veces en contra de su negocio. Mas, eran tales eran las carencias sanitarias de aquel entonces, que la Cruz Roja tuvo un papel fundamental al paliarlas. Todo y tan solo por la satisfacción de estar en ello, siendo útiles a los demás. Nos dice ahora: ¡Cuánta gente anda bien por ahí, gracias a la oportuna actuación de la Cruz Roja en aquellos tiempos…! Móstoles, con más cien mil personas, sin hospital, con un solo centro de salud y una casa de socorro, tenía en la Cruz Roja un eficaz medio de atención inmediata en primeros auxilios y traslado de urgencias a Madrid.
Salvador Blázquez fue durante veinte años el segundo personaje más conocido de la ciudad, tras el alcalde. No solo por su emblemático negocio de pastelería (del que hay que recordar su exquisita y famosa Tartada Alcalde de Móstoles), sino como impulsor de la eficacísima Cruz Roja y su presencia en casi todos los actos institucionales de años atrás.
A la pregunta de cómo se considera a sí mismo, literalmente nos contesta: ‘Yo… un trabajador nato, que no sabe hacer otra cosa. Y una buena persona, a la que le cuesta mucho decir no. Y si ahora me apena algo es que con tanto empeño mis hijas se han hecho grandes y no he disfrutado de ellas…’
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